Enjambre: cuando el amor y el desamor se cantan a miles de voces

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Por: Ouri Olvera

No hizo falta demasiado para que el Estadio GNP dejara de parecer un recinto de 65 mil personas y se convirtiera en una enorme sala de recuerdos. Bastaron los primeros acordes para que Enjambre hiciera lo que mejor sabe hacer: ponerle música al amor, al desamor, a la nostalgia y a esas historias que, aunque hayan terminado, todavía encuentran un lugar en una canción.

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Fotografias por Jorge Yeicatl /@desconocido_tour


Desde Zacatecas para el mundo, la banda encabezada por Luis Humberto Navejas, junto a Rafael Alejandro Navejas Díaz, Julián José Navejas Díaz, Ángel Javier Sánchez Tiscareño e Isaac Navejas Morones, llegó a la Ciudad de México para encontrarse con un público que ha crecido a la par de su música.
La noche del 29 de agosto comenzó con Arroba Nat, encargada de preparar el terreno para una noche que terminaría convertida en un recorrido por más de dos décadas de historia. Después llegó el momento de Enjambre y, con él, una pregunta que parecía responderse canción tras canción: ¿qué hace que una banda pueda acompañar a distintas generaciones sin dejar de sentirse vigente?
La respuesta estaba en el repertorio.
Desde “Consuelo en domingo” (2005) hasta “Daños Luz” (2026), pasando por “El segundo es felino” (2008), “Daltónico” (2010), “Los huéspedes del orbe” (2012), “Proaño” (2014), “Imperfecto extraño” (2017), “Próximos prójimos” (2020) y “Noches de salón” (2023), Enjambre ha construido nueve discos que funcionan como capítulos de una misma historia.


Y quizá por eso la comparación con José José no resulta tan descabellada. Enjambre tiene esa capacidad de convertir las heridas sentimentales en canciones que se cantan a todo pulmón. Hay temas para enamorarse, para recordar a alguien, para reclamarle al pasado y también para aceptar que algunas historias simplemente llegan a su final.
“Desfases” fue una de las primeras puertas hacia ese universo. Después llegaron “Ausencia de cocina”, “En tu día” y “Dulce Soledad”, mientras las voces del público comenzaron a mezclarse con la de Luis Humberto. Ya no había una separación clara entre escenario y gradas: las canciones pertenecían a todos.
La nostalgia se hizo presente con “Intruso”, “Y la esperanza”, “Visita” y “Errante”. Cada tema parecía activar un recuerdo distinto entre quienes llenaron el recinto. Algunos cantaban con los ojos cerrados; otros abrazaban a quien tenían al lado. Para muchos, las canciones de Enjambre no son solamente canciones: son fechas, personas y momentos que permanecen guardados en la memoria.

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Fotografias por Jorge Yeicatl /@desconocido_tour


El concierto avanzó con “Cobarde”, “Madrugada” y “Ciencia de la lluvia”, hasta entrar en una parte más intensa con “Egohisteria”, “Tercer tipo”, “Cámara de faltas” y “Angustias”. El público respondió como si cada canción fuera una deuda pendiente con la banda: cantando, saltando y devolviendo desde las gradas cada verso.


“Rosa náutica”, “Por esta razón”, “Vida en el espectro” y “Divergencia” mantuvieron el pulso de la noche. Después llegaron “Manía cardíaca”, “Juguete” y “Nueve”, demostrando que el repertorio de Enjambre puede recorrer diferentes estados emocionales sin perder esa identidad que lo ha distinguido.


La noche continuó con “Último tema”, “Intro”, “Segundo tema”, “Espalda de bronce” y “Vivos”. Pero hubo un instante en que todo pareció detenerse. “Tengo la piel cansada de la tarde” transformó el Estadio GNP en una sola voz. Por unos minutos, el tamaño del recinto dejó de importar; solamente estaban la canción y quienes encontraron en ella algo propio.
También hubo espacio para Noches de salón con “De nadie” y “Elemento”, antes de regresar al sonido eléctrico de la agrupación con “Necrópolis”, “El regalo” y “Vida en el espejo”.
Cuando llegaron “La duda”, “Impacto”, “Somos Ajenos” y “Vínculo”, la noche ya había hecho su recorrido. Pasado y presente se encontraron en el mismo escenario, mientras el público terminaba de cantar una historia que comenzó hace más de 20 años y que todavía tiene capítulos por escribir.


Con dos noches para cerrar agosto y recibir septiembre, Enjambre demostró que sus canciones siguen encontrando nuevos oídos y, sobre todo, nuevas historias donde quedarse. El Estadio GNP fue el escenario, pero la verdadera celebración ocurrió entre las miles de personas que llegaron con una canción en la memoria y terminaron la noche cantándola juntos.

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