Hablar de Alfonso André, José Manuel Aguilera, Cecilia Toussaint y Federico Fong es hablar de la historia y la fusión de Caifanes, Jaguares, La Barranca y La Harpía. Juntos, suman alrededor de 170 años de experiencia musical y representan distintas etapas de la historia del rock mexicano.

Aunque podríamos hablar de cuatro integrantes, en realidad habría que sumar un quinto nombre: Julián André, quien fue el encargado de producir el álbum Si pudiera oír, el disco con el que Madreperla se presentó oficialmente ante el público mexicano y que encontró en el emblemático Teatro Metropólitan el escenario para comenzar este nuevo capítulo.
El pasado 27 de agosto, Madreperla se apoderó del Metropólitan. Desde los primeros acordes, el escenario comenzó a convertirse en un encuentro de generaciones y sonidos. La batería y las percusiones de los André marcaron el pulso de la noche; la guitarra de Aguilera, delicada y potente al mismo tiempo, dibujó atmósferas que parecían quedarse suspendidas en el aire; mientras el bajo de Fong avanzaba con una sutileza que sostenía cada canción.
Al frente, la voz de Cecilia Toussaint terminó de darle identidad a la noche.
El concierto comenzó con No sé cómo llegar, una especie de declaración involuntaria para una banda que, aunque reúne músicos con décadas de trayectoria, está comenzando un camino propio. Después llegaron Juramento, Belleza, Aire y Tambor, canciones que fueron construyendo poco a poco el universo sonoro de Madreperla.
El público comenzó a entrar en el viaje.
Con I Love You, Llueve y Camino, el concierto tomó distintos matices. No había prisa. Cada instrumento encontraba su espacio y cada canción parecía tener su propio paisaje. La experiencia de los músicos no se sentía como una colección de recuerdos, sino como una herramienta para construir algo nuevo.
Caracol, Un día y Clávame mantuvieron el recorrido, mientras Solo somos sueños llevó la noche hacia un terreno más íntimo. Las luces acompañaban el cambio de atmósferas y el Metropólitan parecía convertirse, por momentos, en una extensión de las canciones.
Después llegaron Tenue luz, Mira quién y Wawanko. Para entonces, la conexión entre el escenario y las butacas era evidente. El público ya no solamente escuchaba: seguía cada movimiento, cada golpe de batería, cada línea de bajo y cada cambio en la guitarra.
Caravana abrió paso a El principio, una canción que parecía resumir la contradicción de toda la noche: músicos con una historia enorme detrás, pero frente a la posibilidad de comenzar nuevamente.
La recta final llegó con Animal, Si pudiera y finalmente Cinemático.
Con esta última canción, Madreperla cerró una noche que fue mucho más que la presentación de un nuevo proyecto. Fue el encuentro de músicos que han formado parte de algunas de las páginas más importantes del rock mexicano y que ahora decidieron escribir una diferente.
El 27 de agosto, el Teatro Metropólitan no solamente escuchó a cuatro músicos experimentados.
Escuchó décadas de rock mexicano encontrándose en un mismo escenario.

