Preparación y prevención, claves ante la temporada de huracanes 2026: Marsh llama a alinear estrategia, continuidad operativa y protección de comunidades

Workers and emergency crew boarding up storefronts near rough ocean waves under dark storm clouds

Ante la entrada de la temporada atlántica de huracanes 2026 (1 de junio – 30 de noviembre), Marsh (NYSE: MRSH), líder global en gestión de riesgos, reaseguros, capital, personas, inversiones y consultoría,  advierte que, aun con una previsión estacional por debajo de lo normal, el riesgo de impacto severo persiste: basta un ciclón intenso para producir daños humanos, económicos e infraestructura crítica en países altamente expuestos en la zona del Caribe, Centroamérica y México. Organizaciones científicas y humanitarias insisten en la urgencia de la prevención, la gestión del riesgo y la inversión en resiliencia.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el pronóstico estacional 2026 apunta a una temporada aproximadamente 55% “por debajo de lo normal”, 35% para cercano al promedio y 10% para por encima del promedio. El rango estimado de actividad, con un 70% de confianza, sitúa entre 8 y 14 ciclones nombrados, 3 a 6 huracanes y 1 a 3 huracanes mayores (categoría 3 o superior).

Por su lado UNICEF menciona que, aunque la actividad estacional pueda ser menor por factores como El Niño, la amenaza no desaparece: un único huracán mayor puede causar pérdidas humanas y materiales significativas y amplificar vulnerabilidades preexistentes entre la población infantil y comunidades de bajos ingresos.

Riesgos clave para la región (México, Centroamérica y Caribe)

Las zonas costeras de la región concentran infraestructura turística, puertos y franjas residenciales de baja altitud, por lo que el impacto directo sobre hoteles, aeropuertos y terminales portuarias tiene un claro efecto multiplicador en la economía local: pérdida de ocupación, paralización de vuelos y cadenas logísticas vinculadas al turismo. Además, la afectación de infraestructura crítica —redes eléctricas, centros de distribución, telecomunicaciones y ejes viales— complica la respuesta y prolonga la recuperación de servicios esenciales.

A esto se suman los riesgos humanos y sociales: desplazamientos, pérdida de vivienda, interrupción de atención médica y escolar, y brotes de enfermedades por vectores, con especial vulnerabilidad en niños, adultos mayores y comunidades de bajos ingresos. Además, el calentamiento de las superficies marinas y las condiciones meteorológicas actuales también elevan la probabilidad de episodios de rápida intensificación de ciclones, lo que reduce la ventana de respuesta y subraya la urgencia de sistemas de alerta temprana, planes de evacuación y medidas preventivas.

Los impactos de un huracán no se limitan a la línea de costa: interrumpen corredores logísticos, dañan subestaciones y redes de distribución, comprometen el suministro de agua y energía para hospitales, farmacias y centros de distribución, y paralizan operaciones de miles de pequeñas empresas. Reducir estos impactos exige medidas específicas antes de la temporada: reforzar infraestructura crítica y cubiertas, proteger equipos y respaldos eléctricos, asegurar inventarios y proveedores alternos, definir protocolos de cierre y reapertura, y anticipar recursos necesarios para respuesta temprana. Complementar estas acciones con seguros adecuados y coberturas paramétricas permite acelerar liquidez y recuperación. Actuar antes no solo reduce daños; disminuye tiempos de interrupción, protege ingresos y evita que una emergencia física se convierta en una crisis operativa y social.” Mencionó René Ríos, Líder de consultoría en riesgos climáticos y de sostenibilidad para Marsh México.

La consultora invita a las empresas y organizaciones a que la anticipación y la financiación de la preparación deben estar en el centro de la agenda; la gestión del riesgo tiene que integrarse en la estrategia de negocio y no verse como un costo aislado; y las soluciones deben combinarse para ser efectivas, es decir, instrumentos de transferencia financiera como seguros y mecanismos paramétricos junto con medidas de reducción del riesgo —infraestructura resiliente, planes de continuidad operativa y protocolos de protección y respuesta para empleados—. Asimismo, es clave priorizar la protección de las cadenas de suministro y de los recursos humanos críticos, porque mantener la operativa esencial y la capacidad de respuesta reduce impactos económicos inmediatos y acelera la recuperación.

De acuerdo con el informe People Risks de Marsh, las organizaciones que implementan programas proactivos de mitigación registran tasas de recuperación superiores, menos tiempo de inactividad y mejoras en la productividad después de eventos extremos. En ese sentido, invertir en preparación y en una estrategia integrada de riesgo no solo protege vidas y activos, sino que también preserva la continuidad del negocio y la competitividad regional.

 ha demostrado que organizaciones con programas de mitigación proactivos registran mejores tasas de recuperación, menor tiempo de inactividad y mejora en productividad tras eventos extremos.

Por último la consultora comparte una serie de recomendaciones prácticas para las organizaciones y empresas.

  • Activar y revisar planes de contingencia y continuidad operativa (BCP/DRP) con escenarios de inundación y fallo de servicios.
  • Priorizar medidas físicas (protección de ventanas, elevación de equipamiento crítico, refuerzo de puentes y carreteras) y logísticas (rutas de evacuación, almacenamiento de suministros).
  • Asegurar cobertura de seguros adecuada y revisar exclusiones relacionadas con fenómenos climáticos y daños por inundación/tormenta. Considerar soluciones de transferencia de riesgo paramétricas para liquidez rápida.
  •  Implementar sistemas de alerta temprana y comunicación con comunidades y empleados; mantener actualizados planes de protección social y salud mental post-evento.
  • Coordinar con agencias humanitarias (p. ej. UNICEF) para proteger a la población más vulnerable, en especial niños y adultos mayores.

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