Título original: The Priests 2: Dark Nuns
Año: 2025
Duración: 115 min.
País: Corea del Sur Corea del Sur
Dirección: Kwon Hyeok-jae
Reparto: Song Hye Kyo, Jeon Yee-been, Lee Jin-wook
Música: Kim Tae-seong, Alan Tyler
Fotografía: Choi Chan-min
Compañías: Zip Cinema
Género: Intriga. Drama. Terror | Monjas. Posesiones / Exorcismos

Sinopsis
Hee-jun es poseído por un espíritu maligno. La hermana Yunia decide salvar al niño con la ayuda de la hermana Michaela, que decide ayudarla a pesar del caos que les rodea. El padre Paul, psiquiatra, cree que puede curar a Hee-jun con intervención médica mientras el padre Andrea realiza exorcismos al chico. Definida como la versión femenina de ‘The Priests’.
Opinión
Este 1 de enero llegó a Cinépolis Monjas oscuras, una cinta surcoreana de terror que mezcla el rito del exorcismo católico con tradiciones sintoístas, en un intento por ofrecer un enfoque distinto a lo que inicialmente parece una enfermedad mental y que poco a poco se inclina hacia lo sobrenatural.
En un inicio, la trama sigue los patrones clásicos de las cintas de exorcismos occidentales; sin embargo, lo novedoso es que son monjas quienes intervienen en el proceso, además de la unión entre el rito católico —que busca aprobación del Vaticano— y el exorcismo realizado por chamanes según las creencias orientales.

Esta combinación de simbología católica —cruces, biblias, sotanas, santos, vírgenes— con sellos, tambores, bailes, purificaciones y cánticos chamánicos logra que una narrativa que podría sentirse “cliché” resulte interesante e incluso creativa.
Otro punto a favor son las actuaciones de las dos monjas protagonistas, cuyas historias personales rozan lo paranormal y explican por qué decidieron tomar los hábitos, especialmente cuando una de ellas no parece tener mucha vocación religiosa. Aunque ambas convencen, su potencial para un desarrollo más profundo se desaprovecha, lo que provoca que la película se vuelva monótona por momentos.
La cinta presenta elementos atractivos: figuras femeninas marcadas por experiencias paranormales; la unión entre dos religiones y sus cosmovisiones sobre los espíritus que poseen humanos —aunque no del todo desarrollada—; la negativa del Vaticano a reconocer exorcismos; e incluso la presencia de especialistas en salud mental que parecen no ayudar ni a la madre ni al chico protagonista.

Sin embargo, todos estos elementos quedan a medio camino. El ritmo se vuelve lento y torpe, la película promete más de lo que entrega y el desenlace, aunque previsible, se siente demasiado largo. En lugar de apostar por un final sorprendente, habría funcionado mejor un recorrido más sólido, ameno e interesante hacia ese cierre.
