«Mañana matarán a Daniel», la nueva novela de Aroa Moreno Durán

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Poco antes de la muerte de Franco, en la madrugada del 27 de septiembre de 1975, tres jóvenes fueron ejecutados en la sierra de Madrid. Daniel, Hidalgo y Pito habían sido detenidos y torturados por la policía, acusados de matar ese verano a un policía y a un guardia civil. La condena se impuso sin juicio legal y de forma precipitada, después de una farsa militar en la que no hubo pruebas ni posibilidad de defensa. Junto a otras dos ejecuciones, aquellos jóvenes fueron los últimos fusilados por el Régimen.

Mientras, en toda España las protestas de los trabajadores adquieren un cariz político y el Régimen responde con palos, detenciones, matando. En las filas del FRAP la tensión se palpa: ha comenzado una cacería de militantes y Daniel, una vez llegado a Madrid, se mueve con extrema cautela. La noche del 22 de julio, a pocos días del asesinato de un policía, es reducido a golpes en la calle y encerrado, junto a otros compañeros, en los sótanos del centro de detención de la Puerta del Sol. Pocas semanas más tarde, José Luis Sánchez-Bravo -Hidalgo- y Ramón García Sanz –Pito- corren la misma suerte, acusados, esta vez, del crimen de un guardia civil. A los tres se los somete, en septiembre, a un consejo de guerra que no admite pruebas, testigos ni las protestas de los abogados: el caso, se diría, estaba visto para sentencia de antemano, y se los condena a la pena de muerte. Tras la sentencia, las peticiones de clemencia se suceden pero ni las familias de los condenados ni la  Iglesia son escuchados; ni siquiera se presta oídos a voces como el papa Pablo VI y algunos allegados del dictador. El último estertor de un régimen moribundo debe ser un acto de barbarie.

Muchos años después, Aroa Moreno Durán encuentra por casualidad, muy cerca de su casa, las huellas de aquellos asesinatos: en el monte donde tantas veces ha acampado de joven existe todavía el talud donde se llevaron a cabo las ejecuciones. ¿Cómo es posible que ella no supiera nada al respecto? ¿Cómo pudo este hecho quedar sepultado en las crónicas de nuestra historia más reciente?

A caballo entre la ficción y la crónica más personal, esta sobrecogedora novela, cimentada sobre una investigación exhaustiva y la bella prosa de Moreno Durán, ilumina uno de los episodios más siniestros del final de la dictadura española.

«Todo lo cambia un disparo. Todo lo cambia una madrugada. Para entenderlo todo, me gustaría explicármelo», escribe Aroa Moreno Durán en las primeras páginas de Mañana matarán a Daniel . Esa voluntad de entender que recorría sus anteriores libros, irrumpe aquí con fuerza y pone en marcha una obra sobrecogedora que demuestra que la literatura, en manos de esta autora, es una valiosa forma de conocimiento, parafraseando una frase de Juan Villoro citada en la novela. Y lo es por aquello que cuenta y revela; pero ante todo, por la cadencia y la belleza de una prosa que teje lazos entre lo personal y lo político y, allí donde realidad y ficción se funden, logra iluminar historias del pasado que fueron enterradas a conciencia.

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© Carla García

Aroa Moreno Durán (Madrid, 1981) estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y es autora de los libros de poemas Veinte años sin lápices nuevos (Alumbre, 2009), Jet lag (Baile del Sol, 2016) y Todavía una noche (Tusquets, 2025), las biografías de Frida Kahlo, Viva la vida , de Federico García Lorca, La valiente alegría (ambas en Difusión, 2011) y de Almudena Grandes, Almudena (a cuatro manos con Ana Jarén, Lumen, 2024), y las novelas La hija del comunista (Caballo de Troya, 2017; Random House, 2023. Galardonada con el Premio Ojo Crítico a la Mejor Novela del Año en 2017 y, hasta la fecha, traducida a siete lenguas), y La bajamar (Random House, 2022. Merecedora del premio Grand Continent 2022). Ha impartido talleres de periodismo y escritura en México y colabora con varios medios de comunicación.

«Me interesa mucho la tensión que se establece entre la política y la intimidad. No debe ser, en ningún caso, responsabilidad de la literatura dar memoria sobre lo pasado. Porque la verdad, la justicia y la reparación corresponden a los Estados. Pero sí pienso que, a través de la emoción que produce leer una historia, podemos alumbrar algunos rincones que han sido injustamente silenciados. No es que yo tenga una vocación de ajusticiar nada, es que me interesan esos márgenes […] La historia y la memoria hay que contarlas con palabras nuevas». (2023. Entrevistada por Albert Puigdueta. Revista Lengua)

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