¿Qué heredamos de nuestra familia, más allá de los genes y los apellidos? ¿De qué manera una ausencia, un cambio de identidad o una decisión tomada para sobrevivir puede seguir resonando varias generaciones después?
La genealogía del abandono parte de la experiencia de adopción de Iván Gastañaga y se abre hacia una investigación sobre la identidad, la memoria familiar y la pertenencia. Tras más de una década reconstruyendo la historia de su familia biológica en Rusia y Armenia, y revisitando la de su familia adoptiva en España, el autor combina memoria personal, investigación documental, trabajo genealógico y relato de viaje para preguntarse cómo se construye una identidad cuando la biografía comienza con una ausencia.
Debate publica el 10 de septiembre de 2026 La genealogía del abandono. Memorias de una adopción, de Iván Gastañaga , una obra que nace de una búsqueda íntima y termina trazando un mapa familiar atravesado por guerras, desplazamientos, orfandades, migraciones, cambios de apellido y decisiones tomadas en circunstancias extremas. La adopción constituye el punto de partida del relato, aunque no agota su sentido. A medida que la investigación avanza, la historia personal del autor se convierte en una reflexión sobre aquello que recibimos sin saberlo y sobre las huellas que los grandes acontecimientos históricos dejan en la vida privada. ¿Hasta qué punto una biografía pertenece solo a quien la vive? ¿Cuántas vidas anteriores laten dentro de nuestras preguntas presentes?
El concepto que articula el libro surge cuando Gastañaga descubre que su experiencia no es una excepción dentro de su árbol familiar. Su abuelo también fue adoptado tras quedar huérfano, cambió de apellido y vivió separado de su familia biológica. Esa repetición permite al autor reconocer una cadena de rupturas que atraviesa décadas y formular la idea de una genealogía del abandono. El libro desplaza así la conversación desde la pregunta por quién abandonó a quién hacia otra más compleja: qué circunstancias históricas, políticas y familiares obligan a las personas a romper sus genealogías para sobrevivir. Lejos de plantear un ajuste de cuentas, la obra trata de comprender cómo el desarraigo puede transmitirse y cómo una investigación consciente puede transformar el silencio en memoria.
Uno de los ejes más delicados de La genealogía del abandono es su manera de pensar la identidad adoptiva sin convertirla en una elección entre dos familias. Gastañaga reconoce el cuidado y el afecto recibidos de sus padres adoptivos, al mismo tiempo que reivindica la legitimidad de conocer sus orígenes y reconstruir la historia de sus antepasados. Ambas realidades pueden convivir y formar parte de una identidad plural. La búsqueda de la familia biológica no aparece como un rechazo de los vínculos construidos, sino como el ejercicio del derecho a comprender la propia historia. ¿Por qué debería una persona escoger entre el amor recibido y la necesidad de saber? ¿Qué sucede cuando pertenecer significa aceptar varios lugares, nombres y memorias?
El libro abre también una conversación sobre la dimensión ética de la adopción internacional. Al revisar el contexto en el que se produjeron numerosas adopciones durante las últimas décadas del siglo XX, el autor examina la red administrativa, económica y política que las hizo posibles, así como las desigualdades e intereses que convirtieron parte de esos procesos en un mercado profundamente desequilibrado. Su mirada evita las conclusiones únicas: no reduce todas las experiencias adoptivas a una misma interpretación, pero sí invita a pensar en la protección de la infancia, la responsabilidad institucional, el acceso a los orígenes y la memoria de quienes fueron desplazados. En un presente en el que guerras, fronteras y migraciones siguen alterando vidas, estas preguntas desbordan la experiencia individual.
La genealogía del abandono es, además, una historia sobre Europa. La desaparición de la Unión Soviética, el genocidio armenio, las migraciones y la caída de los grandes bloques políticos aparecen conectados en el interior de una misma familia. La biografía se convierte así en una forma de leer la historia del continente desde sus consecuencias íntimas. Los cambios de régimen y las fronteras no son únicamente fechas o líneas en un mapa: también alteran nombres, separan familias y condicionan la manera en que las generaciones futuras podrán narrarse. ¿Qué queda de la historia cuando desaparecen quienes podían contarla? ¿Cómo se reconstruye una memoria fragmentada entre países, idiomas y silencios?
Con una escritura que une memoria, investigación y reflexión, Iván Gastañaga González propone mirar la adopción no como un episodio aislado, sino como el punto de encuentro entre identidad, familia e historia. El resultado amplía el debate público sobre los orígenes y la pertenencia, y plantea que la identidad no es una esencia fija, sino una construcción compleja hecha de vínculos, pérdidas, cuidados, silencios y reconciliaciones. La obra interpela a las personas adoptadas y a sus familias, pero también a cualquiera que alguna vez se haya preguntado qué parte de su vida comenzó antes de su nacimiento.

(C) Yulia Ignatova
Iván Gastañaga González estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en las universidades del País Vasco y de Granada. Después, realizó estancias de investigación en Jerusalén y Ereván y, posteriormente, se trasladó a Madrid para trabajar en comunicación y publicidad mientras paralelamente colaboraba con diferentes organizaciones defendiendo los derechos de las personas adoptadas. Colabora con artículos sobre adopción, identidad y cultura en El País, El Español, Jot Down Magazine, Ethic o Zenda . Desde hace una década, ayuda a personas adoptadas a buscar a sus familias biológicas y a conectar con sus raíces. Vive en Chicago desde 2022, donde dirige su propia consultora especializada en búsqueda de orígenes.
