Han pasado poco más de 12 años desde que jugué World of Warcraft por primera vez. Recuerdo haberle dedicado poco más de 2 horas, ya que en ese momento lo jugaba desde el ordenador de un amigo y con su cuenta. Al instante, me pareció un juego lleno de vida, retos y aventuras, algo que cautivó al pequeño yo en ese tiempo. Sin embargo, por una u otra razón, ese fue mi único acercamiento hasta ahora.
Recientemente, he tenido la oportunidad de volver a jugarlo, esta vez con la expansión más reciente llamada «Dragonflight». Nada más desembarcar en las extensas Dragon Isles, nos encontramos con un pequeño tutorial que explica el funcionamiento de cada herramienta, además de ofrecer varias zonas bastante extensas que podemos explorar a nuestro ritmo, o bien, de inmediato.
Algo que me gustó al instante fueron los hermosos y llenos de vida escenarios, que contrastan a la perfección entre gigantes volcanes y los valles verdes de Las Costas. Además, los diseños de los dragones que pude ver me parecieron fascinantes por el nivel de perfección en el modelado.
Otra cosa que me encantó fueron algunas misiones secundarias, desde un pequeño dragón convertido en enano que nos cuenta su vida, hasta acompañar a unos centauros a su lugar sagrado. Son pequeños momentos en las misiones que un jugador valora, pues permiten empatizar con los personajes y quizás hasta nos dejan una pequeña enseñanza.
Sin embargo, no todo es perfecto. Como principiante en este juego, se me hizo un poco difícil entender el lore y las mecánicas del juego. Créanme que hubiera perecido si no fuera por un miembro de mi chat que me instruyó en lo básico de las mecánicas. Otra cosa que falla es el sistema de experiencia después de cierto nivel. Me costó llegar al nivel 70, ya que empecé a farmear misiones secundarias, pero la experiencia que otorgaban era muy poca. Con 4 o 5 misiones hechas de un tirón, apenas subí menos de un cuarto de mi barra de nivel. Este juego requería farmear horas y horas para obtener lo que quería. Esto habría sido ideal para mi yo de hace 12 años, que tenía mucho tiempo libre, pero ahora, con otras responsabilidades, se me complicaba.
Desde el punto de vista de un jugador primerizo, esta expansión llamada Dragonflight me parece muy divertida en cuanto al diseño de la nueva clase llamada «Evocador Dracthyr». Tienen ataques característicos de dragón y vale la pena jugarlos para un jugador experimentado. Para mí, como principiante, llegó un punto
en el que tener demasiadas habilidades durante el combate resultaba un poco desorientador.
Una de las cosas que me pareció genial fue el poder montar a los dragones. Esto permite que cualquier personaje pueda volar sobre ellos y disfrutar de los hermosos paisajes que este juego nos ofrece. Hasta ahora, la historia me ha resultado… ¿desorientadora? Ha llegado un punto en el que, por hacer misión tras misión, me he preguntado: ¿Con qué fin vine a esta isla? Es fácil perder el hilo de la historia, ya que si una misión principal te pide alcanzar cierto nivel, te concentras en farmear o entrar en calabozos por horas. Al cumplir el objetivo, llegas a la misión y te olvidas del hilo de la historia. Quizás este es mi problema y deba seguir jugando para encontrar mejores maneras de subir experiencia.
Dragonflight me parece una expansión hermosa y, si no fuera por los pequeños detalles que mencioné, sería perfecta desde mi punto de vista. Más allá de eso, la experiencia comienza a tornarse aburrida o repetitiva. Algunas misiones y batallas que el juego ofrece se vuelven un poco monótonas en cuanto a desafío y, en algunos calabozos, puede ser desorientador el hecho de que tu equipo va a tope y tú apenas sabes qué está pasando. Asimismo, el sistema de interfaces de usuario me resulta un poco confuso, ya que me tomó varias horas acordarme de dónde estaba cada cosa. Creo que me haría falta un poco más de tiempo de juego para poder disfrutarlo plenamente y descubrir más cosas que me ayuden en mi aventura
