Por: Yésika Rodríguez
Toda narrativa posee distintas caras, pero cuando se trata de una leyenda de la talla del Rey del Rock & Roll, las perspectivas se vuelven incalculables.
Tras permanecer ocultas por casi cinco décadas, una serie de grabaciones inéditas de sus presentaciones en Las Vegas, giras y entrevistas ven la luz en el único formato capaz de hacer justicia a su legado: IMAX. “Se ha dicho mucho sobre mí, pero nunca han escuchado mi propia versión”, se escucha decir al ídolo.

Escuchar a Elvis Presley en su estado más puro, más allá del canto, permite disfrutar de una experiencia VIP total desde la butaca, incluyendo el acceso a ensayos y la intimidad del backstage. En este material, Elvis se muestra impecable en todo momento, revelándose como un perfeccionista obsesionado con cada detalle. Al verlo ejercer como su propio director musical, quedan desarticuladas aquellas viejas críticas que pretendían restarle mérito artístico por no ser compositor.

A diferencia de lo que ocurre en otras producciones, aquí no hay tensiones ni desplantes; lo que predomina es la risa, la química y la devoción de un equipo que admira a un hombre que confirma, frente al micrófono, que su hábitat natural siempre fue el escenario.
No estamos ante un documental convencional ni una simple grabación de un concierto, sino ante el retrato de la única figura que encarna este adjetivo en toda su extensión.
