Título original: Marty Supreme
Año: 2025
Duración: 149 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Joshua Safdie
Guion: Ronald Bronstein, Joshua Safdie
Reparto: Timotheé Chalamet, Abel Ferrara, Gwyneth Paltrow, Fran Drescher
Música: Daniel Lopatin
Fotografía: Darius Khondji
Compañías: A24, Elara Pictures, IPR.VC. Distribuidora: A24
Género: Drama | Biográfico. Deporte. Ping-pong

Sinopsis
Biopic de Marty Reisman, un buscavidas convertido en campeón de ping pong, desde que empezó a jugar por apuestas en Manhattan hasta ganar 22 títulos importantes y convertirse en el más veterano en ganar una competición nacional de deportes de raqueta, con 67 años.
Opinión
Este 15 de enero estrenó Marty Supremo, la nueva cinta de A24 protagonizada por Timothée Chalamet y que le ha valido varios premios y nominaciones gracias a su interpretación. Pero ¿en qué radica el encanto de esta cinta?, ¿cómo puede una película de deportes causar tanto revuelo? La respuesta está en la historia y en los personajes que la habitan.
Si bien el guion está inspirado en la vida de Marty Reinsman, también es cierto que se trata de una interpretación libre que permite construir a Marty Supreme: un antihéroe con más defectos que virtudes, pero con una personalidad tan magnética que logra salir del barrio pobre donde nació sin importar a quién engañe, robe o lastime, siempre y cuando consiga su objetivo: demostrar que es el mejor en ping pong.

Y considero que es precisamente esta interpretación la que le ha valido a Chalamet el reconocimiento de la crítica en esta temporada de premios. Bastan un par de minutos para entender que el protagonista no es la clásica figura llena de virtudes, ni siquiera un personaje con claroscuros tradicionales. Desde el inicio —y pese al tono cómico— sabes que alguien como él sería una red flag como familia, pareja o amigo.
La historia es interesante, con matices dramáticos y cómicos que acompañan las desventuras de un pillo al que Tom Sawyer no lograría engañar con la cerca sin pintar, pero con quien seguramente terminaría metido en problemas… y también sabría cómo zafarse de ellos.
La cinematografía de Marty Supremo juega un papel crucial para elevar la historia más allá del típico relato deportivo. La cámara se mueve con la misma velocidad, precisión y caos que el propio Marty, creando una sensación de vértigo que acompaña cada partido y cada decisión moral dudosa. Los colores saturados, casi de neón, contrastan con los espacios decadentes del barrio donde creció, subrayando la dualidad entre la ambición desbordada del protagonista y la realidad que intenta dejar atrás. Además, los encuadres cerrados durante los enfrentamientos de ping pong convierten cada golpe en un pequeño duelo psicológico, haciendo que incluso quienes no son fans del deporte sientan la tensión como si estuvieran en la mesa.

Marty Supremo funciona porque no intenta limpiar ni justificar a su protagonista; lo abraza tal como es y permite que el espectador decida si quiere seguirlo o no. Entre humor ácido, decisiones cuestionables y una energía que no decae, la película se convierte en un retrato incómodo pero fascinante de la ambición. Y quizá ahí radica su verdadero encanto: en recordarnos que, a veces, las historias más memorables no vienen de héroes ejemplares, sino de personajes tan imperfectos que es imposible apartar la mirada.
