Título original: No dejes a los niños solos
Año: 2025
Duración: 97 min.
País: México
Dirección: Emilio Portes
Guion: Alan Maldonado, Emilio Portes
Reparto: Ana Serradilla, Jesús Zavala, José Sefami, Paloma Woolrich, Ricardo Galina, Juan Pablo Velasco
Música: Aldo Max Rodriguez
Fotografía: Martín Boege
Compañías: Pastorela Peliculas. Distribuidora: Videocine
Género: Terror. Thriller

Sinopsis
Una madre se muda a una casa nueva con sus dos hijos. Una noche debe dejar a los hermanos solos en casa. Lo que comienza como una explosión de juego despreocupado pronto se convierte en una claustrofóbica historia de terror.
Opinión
El Festival Macabro traerá a la pantalla grande el filme No dejes a los niños solos este 31 de agosto en una función previa a su estreno comercial en cines y sinceramente, pese a algunos tropiezos que no afectan el resultado, la considero el claro ejemplo de cómo encontrar el horror en la cotidianidad da un resultado más que cumplidor al jugar con la psique del público.
La película inicia quizás en un lugar común, dos niños solos en una noche de lluvia y encerrados en una casa donde ha ocurrido todo lo que podría ir mal con una casa, aunque ellos no lo sepan. Desde homicidios hasta sacrificios, el lugar parece estar marcado como algo maligno que podría o no influir en los acontecimientos que dan vida a la trama.

Al hecho de estar en el lugar común de una casa estigmatizada como “malvada”, se le agrega el toque de las enfermedades mentales y los traumas, al afirmar la importancia de que Emiliano, uno de los niños protagonistas, tome su medicamento, aunque la razón de su uso no es aclarada en su totalidad, pero dando pistas de que el infante podría haber quedado traumatizado tras ver a su padre muerto.
Este dato vago mantiene al espectador al filo del asiento mientras la trama avanza, preguntándose si las “inocentes” travesuras del menor son guiadas por la falta del medicamento; algún trastorno como la esquizofrenia; o simplemente las voces atrapadas en esa casa.

Hay dos historias desarrollándose simultáneamente, por un lado, la madre, quien se entera de los detalles turbios de la casa; por el otro, los dos hermanos que parecen estar a punto de cruzar la línea entre la travesura y la maldad, el juego y la violencia.
Este contraste no sólo hila la historia y nos da contexto, sino que permite que ambos personajes se desarrollen por separado para llegar a un final vesánico, premeditado y conclusivo que deja más preguntas que respuestas, pero al mismo tiempo un vacío en el estómago preguntándote si fue obra de un ente o de la misma mente.
No dejes a los niños solos es de esas películas que juegan con tu mente, donde la línea entre lo sobrenatural y lo psicológico es demasiado delgada y terminas con más preguntas que respuestas, pero con la certeza de haber visto una historia posible en más de un sentido.
