“[…]por ti, hijo mío, horror mío.

Todo ha perdido sus contornos,

y ya soy incapaz de distinguir

a la fiera del hombre, al hombre de la fiera […]”

Anna Ajmátova; Réquiem, 5

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[Advertencia: es recomendable no acudir al tráiler del documental, pues deja pocos cabos sueltos para una historia corta que se maneja con facilidad, por lo cual lo más conveniente es entrar con los ojos cerrados y el corazón abierto.]

Existe un prejuicio respecto al trabajo documentalista “interno”, entendiendo como este el que se realiza dentro de los márgenes de la inmediatez y aparente facilidad que la familia y los amigos suelen brindar. Si bien es posible que estas salvaguardas funcionen al tocar elementos ligeros, o que hablen del algo medianamente conocidos por propios y extraños, muestra su faceta tortuosa cuando su realización implica indagar un misterio a voces, el cual entraña asideros que, más que cuidar, lastiman.

La otra dificultad es trasladar la narración a un plano que cautive y conmueva a los espectadores, hablando de lo general a partir de lo particular. En el caso de la oaxaqueña Casandra Casasola, la tarea se sortea con una solvencia impresionante para su primer trabajo de larga duración, A través de Tola [2023], que llega a DOCS Oax después de su paso por el FICUNAM.

A partir de un triángulo narrativo, compuesto por la directora, su madre, y su abuela Eustolia [Tola para sus allegados, cuyo hipocorístico da nombre al relato], Casasola busca dar forma y contenido a un padre cuya ausencia se ve agravada por la falta de noticias desde su partida. No ayuda mucho que justo las causas de su abandono sean resueltas a partir de suposiciones, esperanzas y datos arrojados sin prueba alguna que los sustente.

Hay en su mirada, opuesta a la Casandra mitológica [incapaz de hacer creíbles sus visiones], una fuerza que empuja más allá de una moraleja, la cual apenas se podría dibujar dados los pormenores establecidos a lo largo de la cinta, y que busca hacer partícipe a la audiencia de un drama para nada ajeno a la población de, al menos, buena parte de México y Latinoamérica, a partir de su tridente protagónico.

La presencia de la directora dentro del trio de voces es breve pero sustancial, toda vez que su rompimiento de la presunta objetividad documental agrega una dimensión meta narrativa, refrescante por su forma personalísima de abordar el sentimiento encarnado en mayor medida por Tola, cobijándolo y permitiendo su manifestación, en lugar de esquivarlo como viene siendo el lugar común cada que se habla del uso de esta técnica en cualquier película moderna

Si bien hay elementos que señalan la presencia de Luna Marán, realizadora oaxaqueña de mayor proyección y que funge como productora del filme, Casasola enhebra estos aportes con un montaje que permite componentes que, aunque en apariencia ajenos al tema central, dotan de una sutil poesía que lo mismo relaja la tensión dramática a la vez que añade una capa simbólica que permite atrapar sentires y pesares que recuerdan a las intenciones indagatorias de Charlotte Wells en Aftersun [2022], obra con la cual existen similitudes nada despreciables.

Aunque por momentos el filme se siente culminar en un desfallecimiento, en particular por su estructura casi episódica no manifestada, no deja de ser una obra que cumple a carta cabal con el tan manoseado concepto de honestidad autoral, y que vale la pena ver y dar a conocer.

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